Visita nuestro web

En este blog publicamos artículos de opinión sobre coaching, desarrollo profesional y personal. ¿Quieres saber más? Entra en nuestra web y descubre hasta dónde puedes llegar con una entrenadora en exclusiva para ti...

ESPAÑOL - ENGLISH - FRANÇAIS - ITALIANO - DEUTSCH


20 de octubre de 2017

Suéltalo (y no, no es la de “Frozen”)


SOLTAR. CONFIAR. RECUPERAR LA FE EN MÍ. DEJAR ATRÁS EL PASADO. CREER EN LA MAGIA. Suena todo tan fácil cuando te lo dice alguien tan convencido… Y yo también estaba convencida, cuando me sentía conectada. Pero en algún momento se bajó el interruptor y me cortocircuité.


Creí que empezaría esta nueva etapa (http://blog.quiendijoimposible.com/2017/03/el-articulo-mas-dificil.html) con alegría, creí que encontraría un trabajo inmediatamente, que volvería al mercado por cuenta ajena armada de recursos atesorados por cuenta propia. Pero la realidad ha sido que han pasado 13 meses desde mi decisión, 7 desde que ¿terminé? el duelo y aquí no se ha movido nada, no como yo esperaba. Formaciones en empresas puntualmente, clientes particulares rotando con cadencia, antiguos clientes proponiéndome volver a las ventas, dos puestos de Dirección que parecían diseñados para mí pero que tenían trampa, varias entrevistas con headhunters que prometían mucho potencial, otros que directamente me han escupido a la cara. Sea como fuere, el resultado es que yo, profesionalmente, sigo buscando mi nuevo proyecto y, anímicamente, cada vez me he ido hundiendo más. Y eso es algo que no me suelo permitir, porque sé que la tristeza es buena, pero los pozos no me gustan. Y porque, por más que me he estado diciendo que esta experiencia seguro que me serviría para comprender y ayudar a otros, lo cierto es que estoy desbordada. Y harta. Y cansada. Muy cansada. Exhausta. Tengo la impresión de estar corriendo una maratón sin saber dónde está la meta y sin haber calentado. Y eso no puede ser. Porque yo soy la de los objetivos claros, eso es lo que vendo. Y yo soy la entrenadora, eso es lo que he estado haciendo. Así que todo este tiempo me ha servido para machacarme con autoexigencias, para forzarme con autocompromisos, para reprocharme con autocriterios, para reprimirme con autoimposiciones, para fustigarme con autoexpectativas, para marchitarme con autoreprimendas.



Pero esa no soy yo. Desde luego no la persona triste y desesperada que ha estado metiendo la pata en los últimos tiempos y no queriendo salir de la cama en los últimos días. No la persona que se avergüenza de sentir todo esto en vez de agradecer lo afortunada que es. Y por supuesto no la persona que se muere de miedo pensando en publicarlo, cómo-se-te-ocurre.

Yo soy mucho más. Soy la mujer fuerte y valiente que se negó a participar en una empresa familiar que no era su lugar. La que se puso el mundo por montera con una relación a la que todo el mundo condenaba. La que se enfrentó a toda una industria con una oficina de 20 m2 y a todo un sector con una idea visionaria. La que se atrevió a abandonar la seguridad por seguir un sueño, a lanzar un proyecto en el que nadie creía y a hacerlo en mitad de una crisis económica. La que osó salir a un escenario circular abarrotado y contarle a 200 personas sus 20 errores profesionales. La que ha estado 7 años escalando posiciones en las compañías top, aunque hayan sido puestos externos y no reconocidos. La que ha defendido hasta la extenuación que la visión 360º de las organizaciones desde fuera es mucho más valiosa que el tradicional track-record, una patraña del paradigma antiguo. La que ha abanderado con convicción que las empresas necesitan corazón, que sin conciencia no avanzamos.

La misma mujer fuerte y valiente que hoy se presenta ante ti deshecha y rota, con las manos vacías. Porque no tengo en los bolsillos lo que andaba buscando. Sólo tengo el alma llena y la pluma presta para mostrártelo. Pero creí que eso no era suficiente para el mundo de hoy. Por eso he estado bloqueando mi creatividad, por eso he estado acallando mi esencia. Pensé que la única vía posible era la de antes, la conocida, la standard. Recibe una nómina y a cambio ofréceles tu buen hacer, mejorado con los años y con una madurez mayor, eso sí. Y descarté todas las demás porque me convencí de que no funcionarían. “Con las terapias no se gana lo que te hace falta para mantener tu tren de vida”, “de escribir libros no se vive”, “de mayor voy a ser conferenciante internacional”…. Son creencias tan arraigadas que seguramente tú también las tienes… y ni siquiera te planteas eso, que son algo que nos han hecho creer, no necesariamente la realidad. Y como lo que creemos lo acabamos creando, me convencí tanto que la científica metódica que me habita venció mi pulsión esotérica cuando me mostró los hechos. Hechos consumados que di por ciertos, de puro obvios.


Pero no tuve en cuenta todo lo que no se ve. Todo lo que he estado sembrando desde la necesidad, desde la carencia, desde el desequilibrio. Todos esos conceptos contra los que yo misma he estado predicando y que, sin embargo, no he sabido detectar para mí. Porque así es el camino, aprender desaprendiendo, comprender viviendo, deshacer las estructuras, saltar los muros, derribar las barricadas de la mente, trascender más allá de lo que todos hemos crecido oyendo. “Soy prisionera de mis pertenencias”, me lo han cantado, a mí, en persona, en directo. Pertenencias materiales, o maletas emocionales. Y se me han saltado las lágrimas reconociendo que escocía porque era la puritita verdad. Verdad de la buena, de la que me cuesta expresar, por mero pudor, por el que dirán, por las etiquetas que no quiero ponerme, por los hashtags que me pondrán, por tanta basura artificial que me intoxica el entendimiento.


Quiero lucidez.
Quiero luz.
Quiero verdad.
Quiero fluir.
Quiero plenitud.
Quiero seguir sintiendo.
Quiero seguir conectada. Y lo que me conecta, señores míos, no es lo que se esperaba de mí. No es el emporio familiar, no es la universidad privada, no es un cargo de Dirección, no es una vida anodina repleta de cosas que a otros les van bien. Las cosas que a mí me van bien son otras. Ni mejores ni peores, otras. Y ni yo misma termino de aceptarlas, porque me cuesta soltar mis prejuicios, me cuesta confiar en el Universo, me cuesta pasar página. Porque yo también anhelo seguridad, yo también quiero tranquilidad, a mí también me gustan los billetitos, yo también disfruto de los placeres mundanos. Pero la nueva Tierra nos pide ser más líquidos, más flexibles, aprender otras formas de generar abundancia sin atraparla, de abrir senderos para que otros los transiten. No sin miedo, sino con el suficiente coraje, como los primeros exploradores.



Porque en eso consiste ser pionero. No sirve que me llene la boca hablando de innovación, de transformación digital, de nuevos paradigmas, de disrupción. Lo que sirve es que, una vez más, dé un paso fuera de mi zona de confort y publique este post, por muy políticamente incorrecto que se me antoje. Porque de primeras, me libera y de segundas, quién sabe si pudiera inspirar a alguien tan perdido como yo. Porque no tengo ni idea de cuál va a ser el siguiente paso, pero sí sé que tengo que darlo yo. Y que el camino se irá dibujando a medida que reconecte con esta que soy yo y que nadie más puede ser. Como tú. Como todos nosotros.


https://www.youtube.com/watch?v=k_qcw2M84DU&list=PLUtO6Gmi8U2tRIM7QMv4J5X2TtyZbZ72U&index=3&t=11s

4 comentarios:

  1. Magnífica y brillante forma de trasmitir y abrir tu alma. Gracias por tu "regalo". Una vez más veo el maravilloso ser que eres.

    ResponderEliminar
  2. Gracias a ti, que siempre me has "visto"...

    ResponderEliminar
  3. Tus palabras si que tienen "magia" y fuerza....a pesar de las adversidades animas a levantarse por uno mismo. Gran post

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, sólo pretendía cambiar el foco pero me está acercando a muchas personas, me alegra conectar con quienes se hayan podido sentir igual e inspirarles fuerza, todos nos complementamos ;-)

      Eliminar

(Tu opinión me importa):