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14 de enero de 2014

Ejecutivos con alma

Hay ocasiones en las que ser coach corporativo trae ciertos sinsabores. Pero sin duda, las satisfacciones que se ocultan detrás no tienen precio, supongo que por eso seguimos cada día afrontando retos tan complejos. En estos tiempos de incertidumbre y caos en los que, además de una crisis económica en todos los sectores, nos encontramos con una crisis de intrusismo en esta profesión específica, sucede que algunas empresas contratan los servicios de un coach como alternativa más económica a un despido.
Es una verdadera lástima, pues mi forma de entender el desarrollo humano presupone una voluntad de continuidad para un trabajador en el que una corporación va a invertir. Pero la coyuntura así lo está requiriendo a veces. Y otras veces, en la visita de contacto la Dirección plantea al coach que el ejecutivo ‘X’ es estratégico para la compañía, pero que necesitan “arreglarle algunas competencias”, como la visión de negocio o la proactividad.


Precisamente eso me acaba de ocurrir hace unos meses. Me llama la aseguradora ‘Y’ para enderezar a uno de sus delegados territoriales, que está dando algunos problemillas de insumisión y exceso de independencia. Al parecer, no adopta totalmente los objetivos marcados, no se ciñe a los procedimientos de la Central, no logra la cuota de ventas esperada. Necesitan que se alinee con los demás directores y que su oficina deje de dar pérdidas.

Me siento con él durante 4 largas sesiones. No consigo que me hable de objetivos, de sus cuotas, ni del staff. Está enfadado, decepcionado, desanimado. Me cuenta una versión totalmente diferente de todos los conflictos. Insiste en que falla la cúpula directiva, que la estrategia general no está clara, que el enfoque de la matriz está equivocado respecto a su zona y que ya no sabe qué más hacer para que lo entiendan. Yo le escucho con una actitud integradora, contemplando su perfil ejecutivo desde todos sus ángulos como ser humano. Se trata de un profesional competente, experto en su área, conocedor de su público objetivo, pero con una visión claramente ajena a la empresa para la que trabaja.

Así que empezamos a explorar otras posibilidades de servicio a esos clientes, que no sean estrictamente venderles seguros. Y eso hace que afloren algunas iniciativas increíblemente rompedoras, que no desvelaré aquí porque la innovación es parte de su táctica y no seré yo quien ponga en alerta a sus competidores. Y sigue abriendo esa caja de Pandora y surgen sus mejores cualidades, que el primer día no se dejaban ver debajo de tanta ira e impotencia. Y pone a la vista un montón de habilidades gerenciales que ni remotamente su Dirección ha debido percibir en él. Y después de varios encuentros, este hombre apasionado y elocuente, que yo había conocido como recio y malhumorado, ha elaborado un Business Plan completo para lanzar una actividad complementaria que abriría un nuevo mercado y permitiría a la marca expandirse.

Me habla entusiasmado, me comenta que lo va a exponer en el próximo Comité y que está seguro de la calurosa aceptación que conseguirá un producto tan revolucionario. Pasan varios días sin dar señales de vida y en la siguiente sesión aparece abatido y pidiéndome que acabemos el proceso. No han aceptado su borrador por ser demasiado visionario y a él no le quedan fuerzas para seguir peleándose con una jerarquía que califica de obtusa y caduca. Busco la manera de reenfocar ese atolladero y le propongo investigar otras perspectivas desde las que sacar provecho a esa negativa, cómo darle la vuelta a sus ideas para que encajen mejor en lo que le piden.


Y en una de esas acabamos hablando de lo divino y lo humano y le recuerdo el cambio de paradigma del siglo XXI. Le pregunto si prefiere la seguridad laboral o la libertad financiera. Si de verdad va a seguir quejándose de todo lo que no le gusta de su CEO, o si quizá se le ocurrirían otras fórmulas para dirigir a su propio equipo multidisciplinar desde toda su experiencia y conocimientos, aunque no sea dentro de la aseguradora ‘Y’, que tan religiosamente sigue pagando su nómina cada mes. Entonces lo veo. Veo en su cara esa mezcla de sorpresa y esperanza que tantas veces he contemplado. Y entonces lo sé. Sé que este proceso no va a acabar como todos esperábamos, sino mucho mejor.




Acaba con el ejecutivo ‘X’ saliendo de allí, con una sonrisa que él mismo ya no recordaba hacía años. Con una entrevista unos días después para anunciar oficialmente su salida. Con una sensación de triunfo por haber encontrado la pared que le impedía avanzar y haber sido capaz de derribarla. Con unas ganas enormes de poner en práctica todos los recursos que ha descubierto agazapados detrás de su miedo. Con el buen sabor de boca de no haber defraudado a la compañía que tanto le ha aportado estos años, sino de haberles mostrado con honestidad y coherencia que su novedosa propuesta puede convertirse en un valor añadido para sus comunes clientes.


También acaba con su CEO llamándome para darme las gracias por ese giro inesperado de los acontecimientos. Se acabaron las interminables reuniones de delegación, discutiendo visiones opuestas sobre el modo de generar negocio en la región. Se acabó el desgaste de enfrentarse cada quincena a alguien que tiene grandes ideas pero que no caben en absoluto en esa sala de juntas. Por fin termina la desazón por tratar de cambiar a alguien que no quiere cambiar. Esta semana han abierto una selección con un perfil de candidato mucho más definido y ajustado a las necesidades reales, por eso sospecho que triunfarán en su próxima contratación.

http://www.quiendijoimposible.com/servicios-coaching/servicios-empresariales

En definitiva, un buen procesode coaching te va a permitir:
  • Descubrir todo el potencial directivo de tu equipo de management
  • Detectar el capital humano que no se encuentra alineado con los valores corporativos
  • Retener el talento que aporta el máximo valor a la compañía
  • Gestionar un cambio estratégico en tu organización
  • Mejorar el rendimiento de tu personal menos comprometido
  • Fortalecer el reconocimiento de tus colaboradores más implicados
Y si para optimizar la expresión de tu potencial, eso pasa por cambiar de empresa, sé valiente. Hazle un favor a tu jefe y otro mayor a ti mismo y atrévete a dar el paso. Los buenos directivos nunca están parados demasiado tiempo.

No esperes más, despierta la mejor versión del directivo que llevas dentro. Tu organización actual o la princesa azul que te está esperando lo agradecerán. Pero sobre todo, cuando suene el despertador cada mañana, tú te sentirás infinitamente más alineado con tus valores y tu misión profesional.

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