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19 de noviembre de 2013

¿Renunciar a los títulos para recuperar los valores?


Leonardo Ravier es uno de los estudiosos más serios sobre coaching que conozco, amén de defensor de la “no-directividad” de esta disciplina, enfoque que comparto totalmente, muy a pesar de algunos yankees. También es uno de los artífices de un nuevo partido político que está dando mucho que hablar y ha escrito muchísimo sobre el coaching y sobre la libertad.
Sé todo esto porque Leo fue mi mejor mentor en el Instituto Europeo de Coaching y sigo su trayectoria desde entonces. Por eso me sorprendió conocer una noticia hace varios meses: Leo tuvo el mérito de ser uno de los escasísimos MCC de España (9 en la actualidad, para ser precisos) y tuvo también la valentía de renunciar a esa acreditación (tan trabajosa de conseguir), por importantes motivos deontológicos (y ciertamente polémicos, que no entraré a discutir aquí). En aquel momento surgió para mí la ocasión de conocer su historia desde dentro de los vericuetos de la profesión y, desde ese conocimiento de causa, me quito el sombrero ante alguien que, por defender sus valores, sacrificó un título tan codiciado por muchos.
Para aquellos lectores ajenos al mundo del coaching, me consta que existe un buen batiburrillo de siglas, titulaciones y palabritos en inglés tan en boga, lo que entre otras cosas permite, desafortunadamente, que se confunda a los particulares e incluso se estafe a algunas empresas, con servicios que presumen de ser coaching, pero que ni se le acercan (de esto ya hemos hablado antes y también mucho antes). Así que, para ahorraros un dolor de cabeza, sólo os daré una pequeña doble comparación: El título de Coach que otorgan los centros de formación privados es lo más parecido al grado universitario que todos conocemos. Y las múltiples organizaciones que apoyan estas certificaciones vendrían a ser como los colegios profesionales. Así, por ejemplo, ACC, PCC y MCC son las siglas de distintos niveles de acreditación que concede la organización internacional ICF (International Coach Federation). Al igual que ASESCO, o AECOP (otras importantes asociaciones españolas) cuentan con las suyas propias.
Llegados a este punto, y mientras la profesión de coach no se homologue en alguno de los estamentos ‘oficiales’ de España, los coaches profesionales debemos justificar nuestra buena labor mostrando, como todos, cuáles son nuestras referencias de clientes y cuántas ‘horas de vuelo’ nos avalan. Pero sobre el papel sólo contamos con la certificación de nuestra Escuela y, si la pagamos y superamos los requisitos burocráticos, con la acreditación de alguna Asociación, renovable anualmente. Hasta aquí todo correcto, en lo que a teoría y sentido común se refiere. Sin embargo, a partir del honroso y arduo gesto de Leo, he debido al menos replantearme si yo quería pasar por ese aro, o bien ejercer al margen de estas insignes entidades, desde luego respetando sus otras cualidades, mientras reflexiono desde la distancia.
Así están las cosas por estos lares. Y mucho me temo que, a pesar de los denodados esfuerzos de quienes ponemos el corazón en este noble oficio, la ‘lucha’ por dar a conocer la verdad aún seguirá durante un tiempo, el suficiente al menos para que la cordura ponga a cada uno en su sitio y triunfen la autenticidad y la vocación de servicio. Y por el camino, espero que muchos aprendamos a no luchar, sino más bien a perseverar en la excelencia como mejor sepamos, para poder predicar con el ejemplo, sin más demagogias baratas.
Aclaremos una cosa: Yo ya tenía una profesión antes de llegar al IEC, como también un título universitario. El coaching, aparte de una vocación tardía, me ha supuesto contar con muchas más herramientas con las que desarrollar mi carrera y dar servicio a quienes confiaban en mí. Pero lo más importante, el 90% de mi vida profesional me he ganado la vida en un contexto netamente comercial, por eso puedo decir con serenidad que a mí la competencia no me da miedo como tal. Asiento a que existan competidores que opten a mis mismos clientes potenciales, otros profesionales verdaderos que merecen toda mi consideración y muchos de los cuales despiertan mi admiración. Lo que me inquieta es que, aprovechando la crisis económica y alguna de esas modas por las nuevas corrientes, algunos desalmados camuflen sus carencias, maquillen su incompetencia, o incluso reconviertan alguna de las ofertas de su portfolio porque se quedó desfasada. Y se atrevan a presentarse como coaches (o coachers…) sin haber recibido ninguna formación específica (o con un mero cursillo de fin de semana), por no hablar de su falta de prácticas con seres humanos reales. Y reconozco que, además de “encenderme” (qué gran oportunidad de mejorar mi gestión de la ira), la confusión que provocan estos pseudo-coaches me apena profundamente, porque a mí las personas y sus mentes me inspiran mucho respeto, por eso nunca me permitiría jugar con ellas sin estar lo mejor preparada posible (cosa que ciertamente nunca acaba).
Desde ese mimo y cuidado, sólo puedo sugerirte (quitándome momentáneamente el gorro de coach, porque nosotros no damos opinión ni consejo) que, si buscas un coach para tu vida o para tu empresa, por favor te informes antes de que te tomen el pelo, con o sin intención, que de todo hay en esta viña.
Pero no nos despistemos, que yo había empezado hablando de otra cosa… Como dice mi querido maestro de feng-shui, poner nuestra energía en un proyecto consiste en centrar toda nuestra intención en él, a pesar de nuestras posibles carencias, pues es mejor una obra *nuestra e imperfecta* que una *perfecta pero obra de otro*. En este caso compartiré material del propio Leo, pues tampoco es plan de reinventar la rueda, y como reconozco que sus esquemas son brillantes, pues al césar lo que es del césar. La parte mía -y muy mía- que pongo en este post es compartirlo con vosotros y “mojarme” como hizo él, a mi manera y desde mi dimensión.
Por todo ello, os regalo una selección de sus joyas gráficas, que tantas veces nos han aclarado conceptos a propios y extraños:







En definitiva… gracias, Leo, por tu dignificación de nuestra profesión y por tus investigaciones continuas, que nos enriquecen a todos. Pero sobre todo, por este espejo de integridad al que, últimamente, no estamos muy acostumbrados.

2 comentarios:

  1. Elisa sostiene una cosa común que sin embargo atrae la curiosidad: No a la merma de nuestros valores a costa de la credibilidad, eso es areté, es decir virtud. Nunca Leo presumió de sus valores, ni de su obra, por cierto material escaso entre tanta mediocridad en esto de la ciencia y arte del coaching. Un saludo

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    Respuestas
    1. Gran verdad, El Cochero; para mí eso le hace aún más admirable. Gracias por compartir.

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